El Waraira Repano para muchos seguirá siendo El Ávila

La mayor bendición que tiene la Ciudad de Caracas, es sin duda alguna,  el Parque Nacional  El Ávila (oficialmente Waraira Repano), que la separa al norte del mar. Es un verdadero pulmón vegetal, así como un excelente lugar de esparcimiento y de ejercicio. También sirve para orientar a cualquier persona, al indicar siempre donde está el norte. Y es sin duda un gran ornamento de la ciudad

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Años 30, Faldas de El Ávila, Los Chorros, Caracas
Años 30, Faldas de El Ávila, Los Chorros, Caracas

El 7 de mayo de 2011 se emite el decreto Nº 7.388 publicado en la Gaceta Oficial Nº 39.419, mediante el cual se establece el cambio de nombre del Parque nacional El Ávila a Parque Nacional Waraira Repano. En el mismo decreto se establece el mantenimiento del área y normativa del antiguo Parque Nacional El Ávila.

Urbanización Altamira, años 40, Av Principal Ávila, sin duda, "denominación de origen"
Urbanización Altamira, años 40, Av Principal Ávila, sin duda, “denominación de origen”

No obstante,  para muchos caraqueños sigue siendo El Ávila.  A propósito de esta polémica, compartimos  con ustedes la reseña aparecida en las Crónicas de Caracas, publicadas bajo el N°88 1997-1998:

Terrenos de La Plaza Altamira 1947
Terrenos de La Plaza Altamira 1947, El Ávila imponía el paisaje

“Ese año de 1774, fue desde el punto de vista documental, de mayor importancia en lo que se refiere a la nomenclatura de la caraqueña. En efecto, fue aquel el primero en que se menciona el nombre “de Ávila”, en toda la documentación municipal que guarda nuestro Archivo, contando desde las actas iniciales de 1573. Vale decir, que el topónimo no se usó en los papeles municipales en los 200 años transcurridos desde 1573 hasta 1774, lo que se puede tomar como prueba fehaciente de que esa nomenclatura simplemente no existía.

Finalizada la obra, La Plaza Altamira y su imponente Obelisco, el Cerro El Ávila no se dejó robar su majestuosidad
Finalizada la obra, La Plaza Altamira y su imponente Obelisco, el Cerro El Ávila no se dejó robar su majestuosidad

Cuando se aludía a la montaña inmediata, se decía: “el cerro de esta ciudad”, “los montes de esta ciudad”, “las cabeceras del río Catuche”, “las cabeceras del río Anauco”, “la quebrada de Sanchorquiz”, “este lado del cerro”, “el otro lado del cerro”, “la quebrada de Cotiza”, “la quebrada de Anauquito”, “La quebrada de Gamboa” que por un tiempo se conoció como “del Carrizal”, “la cumbre del cerro”; y eran numerosos los topónimos del lado que da al mar: pero el nombre de Ávila no aparece nunca durante esos dos siglos.

Los espacios públicos al aire libre eran los preferidos por los caraqueños
Los espacios públicos al aire libre eran los preferidos por los caraqueños

Alguien podría aducir que la ausencia del nombre se deba a una simple omisión. ¿Es qué acaso resulta posible omitir el nombre propio de un accidente geográfico tan próximo a la ciudad, durante 200 años, cuando había necesidad de referirse a aquel, continuamente, por razones tan importantes como la conservación de las montañas y sus fuentes de agua? No creo que esta postura resista un examen detenido; ni es posible que se pueda sostener tal hipótesis sobre planteamientos negativos, a la vista de una explicación sumamente clara.

La silla de Caracas - 1930
La silla de Caracas – 1930

Debido a la importancia que le hemos atribuido, me permito transcribir nuevamente el trozo del Acta del 20 de mayo de 1774, en el que aparece la referida mención primera de “cerro de Ávila”.

Country Club, Caracas, sin fecha exacta
Country Club, Caracas, sin fecha exacta. Pasear con vista hacia El Ávila se convirtió en diversión y sano esparcimiento

“En este Cabildo, en vista del auto expedido por el Sr. don Fernando Quadrado, Teniente de Gobernador y Auditor de Guerra en esta provincia, por ausencia del Sr. Gobernador y Capitán General de ella, que hizo saber este día don Francisco Antonio Paúl, escribano público en esta sala, sobre que este Y.C. constituya uno de los S.S. de él, para practicar la nueva diligencia de reconocimiento de corte de leña y labores en las tierras de uno y otro lado del cerro Abila, los S.S. de él, acordaron nombrar como nombraron para Real Diputado para dicho efecto, al Sr. don Félix Pacheco, quien estando presente lo aceptó; y mandaron que el presente escribano compulse testimonio de esta acta, y acumulado dicho auto precedido recaudo político, lo ponga en manos de su señoría”.

Manuel Cabré, nació en Barcelona, España, el 25 de enero de 1890, fue miembro fundador del Circulo de Bellas Artes, director del Museo de Bellas Artes de Caracas, y obtuvo el premio nacional de pintura en el año 1951. Actualmente es considerado como uno de los más importantes paisajista de Venezuela, se le conoce como “El Pintor del Ávila”, porque se apasionó con el Cerro el Ávila o Warairarepano, al que pintó desde todos sus ángulos y con todos los matices.
Manuel Cabré, nació en Barcelona, España, el 25 de enero de 1890, fue miembro fundador del Circulo de Bellas Artes, director del Museo de Bellas Artes de Caracas, y obtuvo el premio nacional de pintura en el año 1951. Actualmente es considerado como uno de los más importantes paisajista de Venezuela, se le conoce como “El Pintor del Ávila”, porque se apasionó con el Cerro el Ávila o Warairarepano, al que pintó desde todos sus ángulos y con todos los matices.

El propietario del llamado “cerro de Abila” en 1774, era don Juan Álvarez de Ávila, quien, en algunos documentos en la época, figura como Juan de Avia, escuetamente. No pueden caber dudas de que el usufructo de las tierras y su montaña por Juan Álvarez de Ávila y por sus descendientes, fue el que estableció  relación entre el cerro y el apellido, y dio lugar al topónimo con que conocemos a nuestra serraría.

También en la Caracas de los techos rojos, El Ávila destacó en el panorama de 1900.
También en la Caracas de los techos rojos, El Ávila destacó en el panorama de 1900.

Al morir Juan Álvarez de Ávila o Juan de Ávila, la  posesión  pasó a sus herederos mediante partición hecha por don Bartolomé de Castillo el 16 de febrero de 1796, aprobadas por el gobernador don Pedro Carbonell mediante auto que registró el escribano Domingo Antonio Mota, el 14 de marzo del mismo año.

Cine La Castellana 1952 Av Francisco Miranda, la Sultana del Ávila se modernizó bajo su impactante presencia
Cine La Castellana 1952 Av Francisco Miranda, la Sultana del Ávila se modernizó bajo su impactante presencia

Juan Álvarez de Ávila contrajo segundas nupcias con Juana Francisca de León, natural de Chacao, hija del muy célebre teniente de justicia de Panaquire Juan Francisco de León, caudillo de la insurrección contra la Compañía Guipuzcoana que hizo huir al gobernador Castellanos en 1744, dejando a Caracas bajo el dominio del insurgente.

Av Venezuela El Rosal 1950
Av Venezuela El Rosal 1950

De ese matrimonio nacieron Felipe Antonio de Ávila, Juan Manuel de Ávila, Vicente de Ávila, religiosos: José Gregorio de Ávila, Miguel Francisco de Ávila, Fernando de Ávila, Domingo Antonio de Ávila, María Mónica de Ávila  y María Teresa de Ávila, quienes quedaron dueños de todos los bienes de su padre, pues a pesar de que Juan Álvarez de Ávila, yerno de Juan Francisco de León, estuvo comprometido en la insurrección que capitaneó su suegro y pasó a España con la delegación de presentar quejas que tenían los criollos contra los vascos, no fue despojado de su patrimonio.

Autopista del Este, María Lionza, al fondo Torre Polar y El Ávila, Caracas, 1952 . Foto: Helmut Neumann
Autopista del Este, María Lionza, al fondo Torre Polar y El Ávila, Caracas, 1952 . Foto: Helmut Neumann

En la partición no figuran los límites de la finca de Ávila, pero conocemos los linderos por un escrito del anotador de hipotecas redactado en el momento en que Domingo Antonio de Ávila vende a su hermano Fernando Antonio de Ávila y a Juan Manuel Matamoros, la parte que le correspondió en la participación.

Museo de Bellas Artes, Caracas, 1952. Foto: Helmut Neumann.
Museo de Bellas Artes, Caracas, 1952. Foto: Helmut Neumann.

Según la certificación del anotador, le adjudicaron a Domingo de Ávila”.. El portero y serranía del Cerro de Ávila que quedó por bienes de don Juan Álvarez  de Ávila, sus padres…. “el portero incluía”… Sus tierras, montes, montañas, poteros y aguadas… “y eran sus límites…. por el este con la quebrada de Chacaíto: por el poniente, con las Barracas; norte con el alto o loma del cerro donde se avisaba el mar; y sur, la estancia que es adyacente y se adjudicó a los demás de sus hermanos”..

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