Fernando Bustamante, el hombre que auxilió a José Gregorio Hernández

El accidente que costó la vida al doctor José Gregorio Hernández, en junio de 1919, dio origen a muchas versiones y leyendas al respecto. Fernando Bustamante, el conductor del vehículo que se vio envuelto en tan lamentable tragedia, accedió a ser entrevistado por el periodista José Emilio Castellanos, el 10 de Junio de 1977. Fotos, Juan Quijano, archivo El Nacional

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“El Cielo me Escogió para que José Gregorio Pasara a la Inmortalidad”

Por José Emilio Castellanos

Fotos: Juan Quijano

Bustamante, quien tiene ahora 84 años, iba a ser compadre del doctor José Gregorio Hernández, su amigo y médico de su hijo. Su esposa estaba en estado de gravidez, y esperaban que el ahijado del sabio, aun por nacer, fuera varón. Ambos tenían amistad desde hacía varios años.

“Así lo quiso el cielo. Y quizá fue su voluntad para llevarse a un sabio, que ha quedado inmortalizado por su santidad”, señaló don Fernandp Bustamante, entonces de 84 años, en su conversación con José Emilio Castellanos, publicada en El Nacional de Caracas el 10 de Junio de 1977. Fue la única entrevista que concedió.

Al recordar aquel incidente que tomó, con el devenir del tiempo, gran trascendencia debido a la notoriedad de la víctima, Fernando Bustamante no pudo superar el efecto psíquico y emocional que ello le produce, tras lo cual en el transcurso de la entrevista, su voz se entrecorta y sus ojos se humedecen.

“Preferiría no hablar de ello, que es para mí muy lamentable”, nos dice.

Luego hace una advertencia: ”toda mi vida he rechazado el licor, pero por encima de ello he rechazado y rechazo la publicidad. Hay gente que da cualquier cosas por una copa de aguardiente, y paga lo que sea por salir en el periódico”.

En su apacible residencia  Bustamante –quien mantiene una gran vitalidad física e intelectual- tiene un retrato de su amigo, el doctor José Gregorio Hernández, a quien llamaba santo, según nos dice, antes que se le diera ese trato al sabio de Isnotú, “porque eso era lo que pensaba de él cada vez que iba a mi casa, a darle atención médica a mi hijo, sin cobrarme nunca, tratándome con gran afecto y cariño, que yo le devolvía con regocijo”.

Fernando Bustamante, José Emilio Castellanos. Foto Juan Quijano. Archivo El Nacional

Son sus palabras, mientras nos muestra sus diplomas de optometrista, dentista y su “Grado 33” de la masonería. Y nos recuerda que la primera vez que se dio carácter de santidad a la vida del médico trujillano “fue en aquella defensa y explicación que hice del caso, cuando ante el tribunal señalaba que nadie ha lamentado más que yo, ni a nadie puede haberle sido más sensible y dolorosa que a mi la muerte casual del sabio y santo doctor José Gregorio Hernández.”

Bustamante, quien lleva lentes fabricados por el mismo, se entrecorta, o mejor, se inhibe ante la presencia de los periodistas (el entrevistador y el reportero gráfico). Tiene temor a las polémicas porque considera que su edad no le permitiría dar frente a fanatismos aislados de la verdad de los hechos.

“He considerado aquel infausto día, como un sino del destino. Y considero que el cielo me escogió para abrirle al doctor Hernández las puertas de la inmortalidad”.

Tiene 9 hijos, y aquel que iba a ser ahijado del sabio trujillano, murió a los pocos meses de haber nacido, a consecuencia de una afección cardíaca. Sus nietos pasan de 40, casi todos estudiantes. Su vida en la actualidad transcurre entre sus descendientes, a quienes va visitando en forma reiterada; viajando a los lugares del interior del país donde se encuentren residenciados.

Certificado de Aptitud para conducir automóvil con motor de gasolina, Número 444, otorgado por el Gobernador del Distrito Federal el 6 de Mayo de 1913 (Foto archivo José Emilio Castellanos)

Nos revela que para la fecha del accidente en que perdiera la vida el doctor Hernández, tenía 28 años, y llevaba algunos meses como profesional del manejo. Entonces a estos se les llamaba choffeur (como decía el título de conducir) y se les concedía una hoja oficial, firmada por el gobernador, que certificaba la aptitud para conducir automóviles con motor de gasolina.

“Yo era entonces mecánico de un taller de máquinas de escribir. O mejor dicho, poseía un taller porque en verdad el trabajo lo hacían algunos empleados. Entre mis clientes estaba el propio doctor Hernández, quien siempre andaba muy ocupado”.

Aquel domingo –prosigue-, tomé la ruta del puente de El Guanábano hacia La Pastora, por la vía de Urapal y Amadores. En esa calle iba subiendo, en el mismo sentido que lo hacía yo, el tranvía eléctrico, que no tenía puertas, porque así eran los de antes. En esa subida el tranvía aminoraba la velocidad, por el esfuerzo en su ascenso y la poca fuerza del motor eléctrico. Entonces, cada vez que asi ocurría, los pasajeros comenzaban a bajar, con el vehículo en marcha, y por cualquiera de sus lados. Era una costumbre muy caraqueña”.

 

Cuando igualé al tranvía, en la subida de Amadores –explica-, hube de poner la primera a mi auto Hudson Essex Super Six, para que no se me desmayara, y miré hacia un lado, precisamente donde iba el tranvía, para reparar si alguno de los pasajeros descendía por mi vía. Fue cosa de segundos, naturalmente. Pero cuando volví la vista al frente, vi que estaba el doctor José Gregorio Hernández, quien reaccionaba ante la presencia del tranvía y de mi auto. Quiso devolverse, pero el pie se le quedó por algunos segundos entre las piedras con que estaban hechas las calles. Cuando logró darse vuelta y yo detenía mi auto, el guardafangos le tocó el muslo izquierdo. Él perdió el equilibrio y trató de agarrarse de un poste, frente a la Farmacia, pero se enredó y resbaló, cayendo aparatosamente, golpeando con su cabeza el filo de la acera”.

 

El hombre que ahora nos narra aquel suceso recuerda que inmediatamente se bajó a prestar auxilio a su amigo, el médico que atendía a su hijo, y que a esta acción se sumaron quienes venían en el tranvía y algunos parroquianos que estaban en la Farmacia Los Amadores.

 ¿Quién era Fernando Bustamante en aquella época?

Fernando Bustamante y el doctor José Gregorio Hernández frecuentaban algunas familias en común, en aquella Caracas  pueblerina.

Bustamante era compañero y amigo de Alí Gómez, el favorito entre los hijos del general Juan Vicente Gómez (por quien el General Gómez construyó el Nuevo Circo de Caracas apoyando sus inquietudes taurinas).

Siempre andábamos juntos –no dice-, y recuerdo que en varias ocasiones le acompañé a su casa de Maracay, donde estaba su padre. El general, las veces que fui, estaba acostado en un chinchorro, detrás de un parabán que tenía un pavo real hecho en marfil, junto a la entrada del cuarto. Cuando me veía llegar en compañía de su hijo, me decía: llegó el amigo. Siempre me dio ese trato –amigo-, y me identificó con Alí”.

También conoció a Cipriano Castro, “El Cabito”, cuando era muy joven. “Un día me llamaron unos amigos para que recitara unos versos porque yo declamaba. Eso fue en el Club Caracas. Estaba presente el general Castro, a quien le gustaron los versos. Entonces dijo: me gusta lo que recita ese muchacho. Pónganle uniforme de capitán. Y dio la orden. Pero  la semana siguiente dije otros versos en el mismo sitio, que no le gustaron. No retiró la orden del uniforme, pero se cambió de lado la moneda”.

Fernando Bustamante falleció en Caracas el 1 de Noviembre de 1981 (Día de todos los Santos).

En 1922 hubo un accidente en Antímano, en el cual se perpetraba un atentado contra el general Juan Vicente Gómez. Bustamante se encontraba de visita a una familia que residía cerca del suceso, por lo cual entró en sospechas. Hubo de marcharse a Curazao, donde entró de ayudante en una óptica. Fueron sus inicios como optometrista (que concluirían con lo que fuese su exitosa cadena de Óptica Bustamante en gran parte del país).

Va narrando cada uno de estos pasajes, pero luego retorna al accidente del sabio Hernández.  Y allí, finalmente, repite una de las expresiones que nos ha dicho antes:

“Así lo quiso el cielo. Y quizá fue su voluntad para llevarse a un sabio, que ha quedado inmortalizado por su santidad”.

 

 

2 comentarios sobre “Fernando Bustamante, el hombre que auxilió a José Gregorio Hernández

  1. Que podemos esperar de alguien que era amigo del hijo de un dictador. Hagamos este ejercicio mental: Quien atropello al Dr, fue un amigo intimo de un dictador, y era dueño de una empresa que arreglaba maquinas de escribir, era uno de los pocos que tenia auto en la época. Ahora imaginatelo en esta dictadura como seria? Como se llamaría en el 2020?

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  2. Esto no coincide con el informe de autopsia hecho por el insigne Dr. Razetti, donde se mencionan “hematomas por encima de las rodillas” que no se pudo ocasionar si solo cayó hacia atrás. Ademas, el croquis del accidente muestra como el lugar donde José Gregorio se golpeó la cabeza con la acera dista varios metros del lugar donde se dio el accidente, por lo que fue arrojado con fuerza tomando en cuenta que la calle es en subida hacia esa dirección. De ahí que se pueda deducir, que o porque el cambio de marcha o la premura por estar detrás de un tranvía lento, el chofer del automóvil cambio de carril, y embistió al imprudente Dr. Hernández que salía del frente del tranvía. Una serie de acontecimientos inesperados, dirían algunos, pero no murió por un tropezón, murió producto del accidente de transito, No tuvo intención de atropellarlo, como se determino en su momento, pero decir otra cosa es falsear la historia. Y decir que “gracias a mi se hizo inmortal” es infame. mejor que hubiera cerrado su boca y terminado en paz sus días, ya los familiares del difunto lo habían perdonado.

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